Salida el viernes con la bici. No llegó a dos horas y veinte para casi 60km. Quedamos con Trichulo en el carril bici y... se presentó con otros cabestros. Un tal "de Castro" que os sonará, otro sub-10 en IM y algunos más que no se quedaban cojos. Aguanté (marcando el ritmo cansino, claro está) unos 25 km, hasta que decidieron que ya estaba bien y tiraron para delante. Normal. Eso sí, esperaron en el murete de Colmenar y, mientras que enfilaban a Soto, yo me di la vuelta antes de llegar a la gasolinera de BP.
Llegué al Goloso en solitario, pensando que me cogerían pero, un ritmo vivo y un pinchazo de uno de los fenómenos me permitieron llegar entero al final. Gracias a Dios.
Y se cae el mito. El poco rato que pudo llegar la sangre a mi cabeza y pude charlar un rato con Diego (el chulo) me pareció una persona normal. Nada chulo, sino más bien humilde y encantador. Un tipo sincero y sencillo, sin recovecos, sin fantasmadas. Pues eso, nada chulo. Te jodes, cabrón, te he desnudado ante el mundo. La próxima vez que me engañes para salir iré diciendo otras verdades que te descubra :o)
Por lo demás, la salida no tuvo secuelas físicas y hoy salí a trotar feliz por la Casa de Campo. 50 minutos a mi puta bola, mirando el pulsómetro para no quemarme y pensando siempre que me pasaba cualquier tortuga: "tranquilo tío, tú estás en otra guerra".
Sigo en mi guerra. MI guerra. Y me la pela si voy rápido o no. Voy feliz.
Besos en los morros,
Dani


