Ayer fui otra vez a encontrarme con un amigo que se ha ido. Asistí al funeral del bueno de Charles Burdett. Van siendo demasiadas veces las que asisto a este tipo de sepelios y es mucho peor cuando es por amigos o conocidos con los que encajaba de cierta manera.
Charles era uno de esos tipos echados para adelante. Le conocí cuando ya era mayor, hace 9 años. Él iba a meter pasta en una empresa familiar de tecnología que pintaba muy bien, en la que yo fui fichado para llevar el tema de marketing. Un pipiolo recién acabado un MBA y que chapurreaba inglés. Después de unos meses de tiras y aflojas con el dueño de la empresa, la cosa salió rana. Pero Charles descubrió internet. Viajó a Boca Ratón, a Florida, a un congreso de no sé qué mandangas de comercio electrónico. Se enganchó. Y, después del experimento fallido, invirtió en un portal gay y en una especie de portal enorme con páginas de todo tipo y en no sé qué más de los que ya no deben quedar nada.
Esa empresa familiar en la que trabajé fue comprada por una consultora en los tiempos de las "puntocom". Y la fiesta duró unos meses. Fuimos desfilando por recursos humanos en montones de 40 ó 50 cada pocos días. Y, casualidades de la vida, a la semana de salir de esa empresa, me crucé con Charles, por puro azar, en un semáforo. Le grité para que me viera desde el coche y me dijo "Dany (pronunciado en inglés), llevo buscándote unos días, llámame y hablamos). Había empezado otra aventura en una pequeña consultora con algo más de luces. Y allí recalé unos meses hasta que me mudé a Sun Microsystems, donde todavía sigo. Todavía se lo debo.
Charles era considerado un tiburón por algunos. Un cabrón. Pero creo que ese planteamiento, esa forma de juzgarle es sólo propia de cobardes o mediocres. No siempre fue correcto, eso es cierto. A veces tenía mala uva. Pero, con un cigarro sempiterno entre los dedos, entre esos dedos delgados como sarmientos, siempre tenía una broma inglesa o un chascarrillo a medio camino entre chiste español y coña internacional que te hacía pensar "este tío está colgado".
Charles me enseñó lo que es mirar siempre hacia el futuro. A saltar ciertos muros. A echarle morro a la vida. Huevos. A pensar que siempre hay alguien que se va a comer un marrón, pero que será por el bien de la empresa. Visionario, no siempre acertaba, pero tenía las ideas claras.
Hace unas semanas le mandé un mensaje a través de Linkedin para volver a verle. Quería hablarle de un proyecto que tengo entre manos, pedirle consejo, buscar caminos alternativos. Pasaron los días y no respondía. La semana pasada su hijo me contestó diciendo que el jueves anterior Charles había fallecido y que el funeral sería el martes (ayer). Me partió el corazón, pero le imaginé negociando con San Pedro, buscando cómo invertir en algo que pudiera interesar en el cielo. Quizá unas rutas turísticas de ida y vuelta en el día al infierno, para pasar un buen rato, tomar un whisky y volver a la placidez del descanso eterno. Seguro que ahora está mirando de soslayo, con el cigarro en sus labios y con esa media sonrisa socarrona.
Ayer vi a mi antiguo jefe y a algunos de sus amigos. Fue un momento bonito volver a rememorar cómo fueron ese par de años de mi vida. Lástima que fuera en esas condiciones.
Chutzpah, Carles.
Besos en los morros,
Dani.
P.D. Para los que tienen dudas o no tienen ni puta idea de lo que escribí el último día: he echado la lotería del IronMan de Hawaii. Tengo sueños que cumplir, y pisar Alii Drive con un dorsal es uno de ellos. Varios sueños antes de reunirme con Charles y otros amigos.