
miércoles 30 de septiembre de 2009
Crash

lunes 28 de septiembre de 2009
Pequeños detalles
miércoles 23 de septiembre de 2009
Mercadillo
viernes 18 de septiembre de 2009
El deporte te puede ayudar a cambiar de vida
miércoles 16 de septiembre de 2009
Llegó el día
domingo 13 de septiembre de 2009
Pulsiones
Amago
viernes 11 de septiembre de 2009
Otro tipo de tonterías
miércoles 9 de septiembre de 2009
Dolores
martes 8 de septiembre de 2009
Comienza la diversión
lunes 7 de septiembre de 2009
viernes 4 de septiembre de 2009
Los conquistadores de lo inútil
Los conquistadores de lo inútil
Es viernes, suena la campana y salimos de clase como si nos quemaran los asientos. Por fin el fin de semana. Mis compañeros se preparan para dos días de alcohol y discotecas, pero yo este fin de semana voy a hacer algo diferente.
Termino de comer y me afano en prepararlo todo, le doy un beso a mi madre antes de irme, me dice por decimoquinta vez que sea prudente. Bajo y Alberto me esta esperando con el coche, nos encaminamos hacia Mara, provincia de Zaragoza. No nos es muy difícil encontrar el pueblo, por lo que pudimos cenar tranquilamente y ponernos a organizar todo para mañana.
Nos esperan 120km de bicicleta de montaña, 50km a pie, 10km en piragua y maniobras con cuerdas, todo ello sin un circuito marcado, todo en orientación con la única ayuda de un mapa y una brújula, sin parar el reloj. Unos dicen que estamos de atar, otros que esta clase de competiciones son una locura, en fin no se como describirlas.
Seis de la mañana, nos levantamos del duro suelo del polideportivo, apenas he dormido con los nervios, recogemos, desayunamos y nos acercamos a la salida con las bicis. 40km para ir calentando, no cometemos ningún error de orientación y llegamos segundos al primer cambio. Alberto no se lo cree, de momento todo es entusiasmo. Cogemos la mochila con el material de escalada y comenzamos sin perder un momento los 20km de carrera a pie con algunas sorpresas, como algún río que hay que cruzar con la única ayuda de una cuerda atada de una orilla a otra. La cagamos con la orientación y perdemos 2 horas, gritos y reproches hacen el ambiente muy tenso: ninguno quiere perder tiempo y, lo que es mas importante, energias inútilmente ya que el cansancio empieza a amenazar con llegar. Y una vez llegue no se ira hasta el final, siendo cada vez mas agudo llegando a ser doloroso.
Realizamos las maniobras con cuerdas en la zona de escalada a 50 metros del suelo, aunque con el cansancio que comienza a hacer acto de presencia, no piensas en ello.
Otros 15km de carrera, me duelen los pies que llevo empapados de cruzar el río, que en noviembre no esta muy caliente que digamos, me falta el aire, tengo los pómulos rojos y los ojos inyectados en sangre, pero sé que si me preocupa el dolor de pies, es que aun no estoy realmente cansado. Alberto me dice “arrea niño que nos cierran el control” esta es su especialidad, lo mío es la bici, tras un breve receso para recomponerme continuamos la marcha.
Ya son mas de las cinco de la tarde, llevamos 9 horas en carrera y aún queda lo peor, ya que en invierno la noche es muy larga y fría.
35km mas de bicicleta, pronto se hace de noche, estamos destrozados comienza a llover y no encontramos el camino. Empiezo a pasarlo realmente mal, pero Alberto lo esta pasando peor, por primera vez nos aborda la idea de abandonar pero no será ultima, le doy ánimos, nos tomamos una barrita energética y parece que el cuerpo reacciona, aunque es solo una ilusión. A la media hora estamos igual o mas cansados si cabe. Nos alcanza tres equipos y decidimos seguir todos juntos hasta el siguiente cambio para poder ver mejor, ya que con las nubes la noche se ha cerrado y con nuestras luces apenas se ve.
Llegamos a un pueblo, en el que tenemos que subirnos al campanario para bajar con una tirolina, decidimos parar una hora aquí y seguir a las diez con los otros tres equipos.
Devoramos arroz y unos filetes empanados que me preparó mi madre en unos taper, con este frío el cuerpo consume más de lo normal para mantenerse caliente y la sensación de hambre es indescriptible, es como si no hubiéramos comido en un mes.
La noticia de que diez equipos se han retirado en la ultima sección nos confirma que no somos los únicos que lo han pasado mal, pero nos da ánimos saber que hemos aguantado.
A las diez salimos a por 40km mas de bicicleta, aún de noche claro. Salimos como si en vez de 14 horas llevásemos 14 minutos en carrera, pero en cuanto hay un mínimo repecho sientes como si una enorme mano te agarrara los músculos hasta estrangularlos y el ritmo vuelve a ser el peregrinar cada vez más lento que llevaremos hasta el final. Uno de los equipos que nos acompaña decide que no tiene sentido seguir sufriendo inútilmente y se retira. En estos momentos me toca animar a mis compañeros que llevan peor la bici que yo, al igual que ellos harán conmigo en las secciones a pie, sin esa ayuda psicológica sería imposible continuar.
Una de la madrugada 15km mas de pateo con 10km de piragua en medio, decidimos no parar por que sabemos que si paramos nuestros músculos se relajaran y será imposible retomar la marcha, nos ponemos el neopreno, para lo cual hay que quedarse casi desnudo, con la temperatura que hace no es muy agradable, aunque nos despierta un poco.
Ya nos hemos acostumbrado a la sensación que tenemos en las piernas de millones de punzones pinchándote, y ya solo sentimos las extremidades cuando hay algún desnivel y sentimos ser golpeados por el hombre del mazo.
Tras la piragua nocturna en un pantano con aspecto siniestro por la niebla toca la ultima sección a pie de 20km, comienza de nuevo a llover, ya hace horas que dejamos de correr y vamos andando, nos invaden las ganas de abandonar, comer relajadamente y descansar calentitos en casa, pero una extraña fuerza nos empuja, ya no estamos ninguno para dar ánimos, pero una mirada o una mano en el hombro vale mas que mil palabras.
Llegamos al ultimo tramo de bicicleta, estoy realmente mal, me doy cuenta de que hablo muy despacio y muy bajo, me cuesta entender lo que me dicen mis compañeros, estoy saturado, el pateo bajo la lluvia me ha dejado destrozado, voy como en una nube, es como si me hubieran levantado en medio de la noche y me hablaran todos a la vez, apenas puedo entender lo que me dicen.
Todo está oscuro, la niebla esta muy baja y lo único que veo es el chorro de luz que sale de la linterna en el que puedo ver mi respiración y las gotas de lluvia iluminadas como si fueran un millón de minúsculas lucecitas, la escena es como de película de terror, pero no siento angustia, por un momento me quedo sentado en la furgoneta mientras mis compañeros sacan sin ninguna prisa las bicis. Contemplo atontado el perfil de las montañas en el horizonte, es lo único que se distingue en la oscuridad, las pocas personas que están en el control están metidos en sus coches durmiendo, el silencio es casi total, oigo mi respiración y el latir de mi corazón como si yo no estuviera allí, como si fuera una película y yo solo fuera el espectador.
Aún no se por que, casi por inercia me monto en la bici y pedaleo como un zombi, la organización a acortado este tramo a causa de la lluvia y solo serán 10km por carretera, no creo que hubiera sido capaz de entender ningún mapa en esas condiciones, es como si estubiera fuera de mi cuerpo, pedaleo de forma mecanica sin sentir nada.
Los primeros rayos de sol aparecen tímidamente entre las nubes, son las ocho y media de la mañana, hemos superado las 24h de carrera, nos cuesta una eternidad recorrer esos últimos kilómetros.
Por fin entramos en Mara, hacemos el tiro con arco, casi sin fuerza para tensarlo, el circuito de orientación urbana, y por fin tras algo mas de 26 horas de carrera entramos en la meta y nos abrazamos. Somos octavos, nos comunican que el resto se han retirado. Lo que nos deja últimos, pero hemos terminado, teniendo en cuenta que de 30 equipos solo lo hemos logrado ocho, estamos más que satisfechos. Comemos algo, descansamos y nos vamos a casa.
Entro con una cara que es un poema, le cuento las anécdotas a mi familia comiendo y me acuesto a las cuatro de la tarde hasta la mañana siguiente, nunca he dormido tan profundamente y tan a gusto.
No creo que existan muchas cosas tan románticas en estos momentos como este deporte, ya que los premios por ganar una de estas pruebas están entre los 500 y los 1000 euros para todo el equipo, teniendo en cuenta que solo en participar se han gastado unos 200 o 300 sin contar el material, resulta imposible vivir de ello en España, ni siquiera para los profesionales que corren pruebas con la misma dinámica pero de 6 a 15 días en los que apenas duermen un par de horas al dia en toda la prueba.
Tampoco lo hacen por fama, por que nadie les conoce fuera del pequeño circulo de los aficionados, la mayoría de la gente no sabe ni que existen estas pruebas. A veces me pregunto si no me habré equivocado de deporte, viendo como los futbolista cobran cientos de millones por 90minutos a la semana.
Pienso si no tendré algo mal en la cabeza, para hacer ese esfuerzo sobre humano, que no va ha tener ninguna repercusión, ni ninguna recompensa, es más hay que hacer muchos sacrificios, pero entonces pienso que si que tiene su recompensa, cuando llegas a la meta en la que apenas abra 10 personas en un pueblo perdido de la mano de Dios, abrazas a tus compañeros y le dices “lo hemos conseguido” en ese instante todo tiene sentido, todo el sufrimiento, el frío, el hambre, todas las penalidades han servido de algo.
Sólo alguien que lo ha vivido puede comprenderlo.
En ese momento sientes que lo has conseguido, lo que la gente decía que era imposible, sobrehumano, inútil.
Javier Martínez Sierra 22-11-2003


