Me gustan Rialto. Tienen ese toque melancólico que pocos grupos consiguen con acierto.
El verano se acaba (no nos engañemos, el final del verano lo marca la vuelta al trabajo) y comienza una nueva etapa. Año nuevo con nuevos proyectos, que en este caso son menos ilusionantes y quizá más realistas. Ya no pienso conquistar el universo, ahora con la Vía Láctea tengo suficiente. Uno se hace viejo y pierde ambiciones.
Me quejo de la falta de tiempo para un montón de cosas importantes, pero no me doy cuenta de la finitud de la vida y de la estupidez de lo prescindible. Tratemos, pues, de priorizar. Avancemos en lo crucial y dejemos de lado lo contingente.
Besos en los morros,
Dani