Tomando prestado a Mastroiani "Mi ricordo, si io mi ricordo", yo también me acuerdo de muchas cosas.
Recuerdo cuando hace años no sólo había villanos. También se conocían algunos héroes que les plantaban cara. Hoy sólo quedan culpables sin condena y sólo quedamos estúpidos. Recuerdo que, siendo muy pequeño, algunos indultos se concedían a gente buena y sencilla.
Recuerdo salir de noche a subir Peñalara en invierno, con un frontal y bien abrigado, para ver amanecer desde la cumbre.
Recuerdo que, viendo la tele, aprendía cosas. Recuerdo los canales de la parabólica, donde escuchaba música de la MTV, cuando la MTV servía para algo. El programa "La clave". "Informe Semanal", que me ayudó a aprobar la carrera. Los "amigos y residentes en Madrid" que jugaban para ganar un apartamento en Torrevieja. Algunas series de los domingos.
Recuerdo la Zeus de mi padre, con los rastrales y los cambios al tacto en un piñón de 5 coronas. Las escapadas de varias horas, robándole la bici sin ajustar nada y en las que terminar reventado era sólo la antesala de una buena cena y salir con los amigos. Recuerdo el enamoramiento con 22 años de las Treks.
Recuerdo leer a Homero en Teba, viendo el castillo de la Estrella desde la ventana de la casa de mis abuelos. El olor de la cal siempre estará mezclado con algún viaje iniciático de un griego muy bravo. Luego fueron viniendo otros muchos, griegos y no griegos. Pero recuerdo que tenía tiempo para leer.
Recuerdo grabar con mimo en cintas de "metal" ciertas retransmisiones especiales, como el concierto de Knebworth o el de Live Aid.
Recuerdo cuando los discos se escuchaban del tirón. Tumbado en el suelo de mi habitación podía estarme una tarde escuchando el "Duke" una y otra vez. Es un disco genial.
Recuerdo que los partidos de baloncesto en verano duraban horas. Y por supuesto recuerdo que Michael Jordan sabía volar, pero que Magic Johnson era el que me hacía soñar.
Recuerdo movilizaciones por causas justas. Me acuerdo del interés de muchos por las cosas de todos. No había listos o tontos, sólo derechos que defender.
Recuerdo ciertas promesas que uno se hacía al empezar todos los otoños.
Recuerdo el tacto, el peso, de la primera Nikon (una FT) que tuve con 18 años. La ampliadora Opemus, el olor del ácido acético y las noches en blanco lidiando con el papel Ilford perlado multigrado.
Recuerdo haber ido al cine dos veces a ver "Nueve semanas y media". Las escenas de carácter sexual estaban bien, pero un tipo que tiene un guardarropa como el que tenía y Nueva York en los '80 son cosas que uno no olvida fácilmente. He vuelto a ver la película muchas veces, pero siempre le quito el color y la disfruto en blanco y negro. Haced la prueba.
Recuerdo quedarme siempre con las ganas de pasarlo bien en una discoteca. Ganas de tener un vespino o de tener gracia con las chicas. No nací para ese mundillo.
Recuerdo ir desde el Camping de El Escorial hasta la cima del Abantos corriendo, sin agua ni barritas, ni nada de nada, aunque entonces no existían las carreras de montaña y salir a correr era algo natural.
Recuerdo cuando mi corazón y mi espalda eran normales. Cuando palabras como "lesión" simplemente no existían.
Recuerdo un paseo con mi abuelo Ventura camino del Manzanares. Yo lloraba porque no habíamos ido a la Casa de Campo a disparar flechas con un arco y él me consoló haciendo algunas gracias. Era un castellano viejo y noble. También recuerdo a mi abuelo Pepe y las excursiones a coger espárragos trigueros y alcaparras con Antonio, bajo el sol de la Sierra de Málaga.
Recuerdo cuando quería recorrer el mundo navegando. Yo tendría 7 u 8 años y planes precisos para navegar por los 7 mares. Años más tarde leí a Heyerdahl en un hotelito en el Circo de Cilaos, en la Isla de Reunión.
Recuerdo subir andando desde casa al colegio, día tras día, año tras año, viendo cómo algunos comercios cerraban definitivamente y eran reemplazados, mientras otros parecían eternos e inmunes al cambio.
¿Recordáis las hombreras, los pelos cardados, los pendientes de aro, los pantalones de pitillo y luego los de pata de elefante, la aparición de los 501, los jerseys de lana, los plumas...?
Recuerdo el viaje a Italia con el colegio. La parada en Niza. La visita al Vaticano. La vuelta cansada. Recuerdo que (no recuerdo su nombre) se quedó dormida sobre mi hombro en el autocar.
Recuerdo algunas cenas con amigos.
Recuerdo San Francisco, fresco en verano. París en invierno, paralizado por una huelga general y moviéndome por el Faubourg St. Honore en bicicleta.
Me acuerdo de las tortillas de patata de mi abuela, en medio de un mollete de pan de Antequera.
Me acuerdo, sí, yo me acuerdo.
Besos en los morros,
Dani