sábado 26 de noviembre de 2011

Yo me acuerdo (I)

Tomando prestado a Mastroiani "Mi ricordo, si io mi ricordo", yo también me acuerdo de muchas cosas.

Recuerdo cuando hace años no sólo había villanos. También se conocían algunos héroes que les plantaban cara. Hoy sólo quedan culpables sin condena y sólo quedamos estúpidos. Recuerdo que, siendo muy pequeño, algunos indultos se concedían a gente buena y sencilla.

Recuerdo salir de noche a subir Peñalara en invierno, con un frontal y bien abrigado, para ver amanecer desde la cumbre.

Recuerdo que, viendo la tele, aprendía cosas. Recuerdo los canales de la parabólica, donde escuchaba música de la MTV, cuando la MTV servía para algo. El programa "La clave". "Informe Semanal", que me ayudó a aprobar la carrera. Los "amigos y residentes en Madrid" que jugaban para ganar un apartamento en Torrevieja. Algunas series de los domingos.

Recuerdo la Zeus de mi padre, con los rastrales y los cambios al tacto en un piñón de 5 coronas. Las escapadas de varias horas, robándole la bici sin ajustar nada y en las que terminar reventado era sólo la antesala de una buena cena y salir con los amigos. Recuerdo el enamoramiento con 22 años de las Treks.

Recuerdo leer a Homero en Teba, viendo el castillo de la Estrella desde la ventana de la casa de mis abuelos. El olor de la cal siempre estará mezclado con algún viaje iniciático de un griego muy bravo. Luego fueron viniendo otros muchos, griegos y no griegos. Pero recuerdo que tenía tiempo para leer.

Recuerdo grabar con mimo en cintas de "metal" ciertas retransmisiones especiales, como el concierto de Knebworth o el de Live Aid.



Recuerdo cuando los discos se escuchaban del tirón. Tumbado en el suelo de mi habitación podía estarme una tarde escuchando el "Duke" una y otra vez. Es un disco genial.

Recuerdo que los partidos de baloncesto en verano duraban horas. Y por supuesto recuerdo que Michael Jordan sabía volar, pero que Magic Johnson era el que me hacía soñar.

Recuerdo movilizaciones por causas justas. Me acuerdo del interés de muchos por las cosas de todos. No había listos o tontos, sólo derechos que defender.

Recuerdo ciertas promesas que uno se hacía al empezar todos los otoños.

Recuerdo el tacto, el peso, de la primera Nikon (una FT) que tuve con 18 años. La ampliadora Opemus, el olor del ácido acético y las noches en blanco lidiando con el papel Ilford perlado multigrado.

Recuerdo haber ido al cine dos veces a ver "Nueve semanas y media". Las escenas de carácter sexual estaban bien, pero un tipo que tiene un guardarropa como el que tenía y Nueva York en los '80 son cosas que uno no olvida fácilmente. He vuelto a ver la película muchas veces, pero siempre le quito el color y la disfruto en blanco y negro. Haced la prueba.

Recuerdo quedarme siempre con las ganas de pasarlo bien en una discoteca. Ganas de tener un vespino o de tener gracia con las chicas. No nací para ese mundillo.

Recuerdo ir desde el Camping de El Escorial hasta la cima del Abantos corriendo, sin agua ni barritas, ni nada de nada, aunque entonces no existían las carreras de montaña y salir a correr era algo natural.

Recuerdo cuando mi corazón y mi espalda eran normales. Cuando palabras como "lesión" simplemente no existían.

Recuerdo un paseo con mi abuelo Ventura camino del Manzanares. Yo lloraba porque no habíamos ido a la Casa de Campo a disparar flechas con un arco y él me consoló haciendo algunas gracias. Era un castellano viejo y noble. También recuerdo a mi abuelo Pepe y las excursiones a coger espárragos trigueros y alcaparras con Antonio, bajo el sol de la Sierra de Málaga.

Recuerdo cuando quería recorrer el mundo navegando. Yo tendría 7 u 8 años y planes precisos para navegar por los 7 mares. Años más tarde leí a Heyerdahl en un hotelito en el Circo de Cilaos, en la Isla de Reunión.

Recuerdo subir andando desde casa al colegio, día tras día, año tras año, viendo cómo algunos comercios cerraban definitivamente y eran reemplazados, mientras otros parecían eternos e inmunes al cambio.

¿Recordáis las hombreras, los pelos cardados, los pendientes de aro, los pantalones de pitillo y luego los de pata de elefante, la aparición de los 501, los jerseys de lana, los plumas...?

Recuerdo el viaje a Italia con el colegio. La parada en Niza. La visita al Vaticano. La vuelta cansada. Recuerdo que (no recuerdo su nombre) se quedó dormida sobre mi hombro en el autocar.

Recuerdo algunas cenas con amigos.

Recuerdo San Francisco, fresco en verano. París en invierno, paralizado por una huelga general y moviéndome por el Faubourg St. Honore en bicicleta.

Me acuerdo de las tortillas de patata de mi abuela, en medio de un mollete de pan de Antequera.

Me acuerdo, sí, yo me acuerdo.

Besos en los morros,
Dani

sábado 19 de noviembre de 2011

Para algunos, en mi día de reflexión

Con el paso del tiempo este blog ha dejado de hablar de triatlón, de Ironman, de carreras, de sueños deportivos. No se ha perdido la magia, simplemente ahora la luz ilumina otras cosas. Tiempo de priorizar.

Con estos cambios, por el camino he ido perdiendo lectores, pero sigo manteniendo a los amigos. Esos nunca dejan de estar al lado. Me siguen llamando; mandando e-mails; viéndonos de vez en cuando.

Ahora bien, ya avisé hace un tiempo, cuando empecé de nuevo a escribir, que lo haría sobre lo que me saliera exactamente de mi aparato genital. Si deporte, deporte. Si del mundo, del mundo. Cualquier cosa que me apeteciera. Y ahora me apetece hablar de mi día de reflexión.

Afortunadamente, seré breve. Muy breve. Más bien, pondré mis palabras en boca de otros.

Desgraciadamente no soy un payaso (si acaso, de vez en cuando, sólo soy un bobo). Un buen payaso como lo fue Chaplin nos dejó una payasada tan maravillosa como la que suscribo punto por punto:


No desesperéis.

Y, por otro lado, un vídeo de la participación de Julio Anguita en un programa de esos de 59 segundos. Disto mucho de ser un comunista. Cada día me alejo más de cualquier ideología. Incluso de las ideas, tremendas ideas que nos esclavizan pensando que son nuestras, pero que siempre estuvieron ahí esperando que la hiciéramos propias. Ideas... En fin, que también suscribo mucho de lo que dice este hombre. Más allá de partidos políticos, de ideologías, de ideas... Mucho más allá de filosofías, de personajes, de historia. Mucho más allá de lo que puedan decir o pensar, más allá de la economía.


Tiempos de reflexión. Tiempos duros. ¿Cuándo no lo fueron?

Besos en los morros,
Dani

martes 15 de noviembre de 2011

jueves 3 de noviembre de 2011

Perlas del pasado: Allen vs Bustos

Sois jóvenes. En 1992 ocurrieron más cosas, a parte del milqui de Cacho y el orgasmo colectivo de la Expo, los Juegos Olímpicos (que no "Olimpiadas") y alguna chapuza más por Madrid.

Ese año se batieron el cobre en Hawaii Mark Allen y Christian Bustos. Y a muchos de vosotros no os sonará el top con el logo de Fuji bien grande del chileno. O la bella Softride de Welch. O el nuevo intento de Kiuru. Algunos no tendrán ni idea del accidente que casi acabó con la vida de Christian Bustos (un héroe en su país), cuando el plato le seccionó una vena al ser atropellado por un jeep (no en Kona). Pero ahora tenéis la oportunidad de ver el resumen del IM de 1992. Hace una eternidad, casi 20 años, y sigo pensando que no hace nada de todo aquello.

No sé nada de Bustos. Tengo el libro de Allen "Fit soul, fit body" esperando en la cama del hotel de Sevilla para leer un rato. Kiuru seguirá siendo siempre el finlandés grandote que entrenaba con un Polar cuando los pulsómetros parecían ciencia ficción. Y Welch comenta cada año el IM de Hawaii, de manera más o menos acertada y bien pasado de kilos.

Disfrutad un rato con los vídeos, yo sólo os adjunto el primero, pero es fácil seguir el rastro a los siguientes.



Besos en los morros,
Dani