"Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo".
Vivir con el miedo a no saber qué pasará mañana. Vivir con el miedo a morir. A no ver a tus hijos crecer. Miedo a no poder ponerte de nuevo en una playa a las 7:00 junto a otros cuantas personas cuerdas.
Mientras vives con miedo te conviertes en un apéndice de tus pesadillas. No eres nada, sino un organismo dependiente. Absolutamente dependiente de la corriente que te mueve, de la incertidumbre. Cuando no tomas el timón de tu destino, sino que otros lo hacen por ti, eres ese esclavo que citaba el replicante.
He pasado dos meses terribles, esperando respuestas sobre mis dolores en el pecho. Ahora ya sé con seguridad que no tengo el corazón "tocado". Sólo se trataba de una inflamación en los cartílagos costales (los que unen las costillas al esternón), pero el pecho dolía como si hubiera tenido un infarto. He pasado miedo, tanto miedo a tantas cosas que, efectivamente, me convertí en un esclavo.
Ahora soy libre. Con un tratamiento de 15 días con ibuprofeno he vuelto a ser libre. Pero no olvido lo que es vivir con miedo, no olvido lo que es sentirte atrapado. Y no quiero volver a experimentarlo. En ninguno de los ámbitos de la vida. Como el hombre que sale de la caverna de Platón, he vuelto a ver la luz real, no la proyectada en sombras. Y, una vez que uno ve el sol, ya no quiere volver a la cueva.
Soy libre. Entreno camino de Lanzarote 2011.
Besos en los morros,
Dani