jueves 28 de octubre de 2010

Parada anual

Como cada año, cambio de aires unos días y me traslado al continente americano. En esta ocasión vuelvo a mi querida Nueva York y a Miami. Días de reposo, de paseos, de volver a ver, oler y saborear viejos recuerdos y, como no, días de algunas compras.

A la vuelta comienza otro curso deportivo y un año cargado de un montón de proyectos. Habrá que volver con las pilas cargadas y el ánimo bien alto. Miramos al futuro con optimismo, como no puede ser de otra manera.


Nos vemos a la vuelta, en apenas 11 días.

Besos en los morros,
Dani

jueves 21 de octubre de 2010

La banda nacional

Al del trombón le han puesto a tocar el contrabajo; la del arpa ahora es flautista; el del violín, que es un virtuoso, sigue tocando en el metro por que no tiene los amigos adecuados.

El que antes dirigía la banda ahora va a asesorar sobre algo en que no cree. A-lu-ci-nan-te. Y sus herederos, sólo saben decir que "no" a todo. "No" por definición. Nadie se equivoca siempre. Imposibe.

Mientras que en Francia se colpasa el país durante días, luchando contra lo que piensan que es injusto, aquí los cuatro amigos sólo salen un rato a dar un garbeo por las calles. Nadie (prácticamente) les hace ni puto caso

El jefe de los jefes se larga abochornado. Eso sí, antes nos dice cómo hacer las cosas para que todo funcione, pero él no se aplica la receta.

Mientras tanto nos quejamos de que no se da cobertura al tri en los medios, pero 75000 personas llenamos el martes un estadio para ver a 22 tíos con un balón. Hacía 23 años que no pisaba un estadio de fútbol y el espectáculo sociológico me pareció simplemente maravilloso. Me recordó a Gustave Le Bon durante un buen rato.

Y aquí sigo yo, dando algo de guerra con mis cosas. Metido en más asuntos de los que me gustaría y en menos de los que me apetece. Barruntando ideas. Pariendo conceptos. Entrenando poco y disfrutando mucho. No me quejo. Vivo, a pesar de unos y otros. A pesar de la banda nacional.

Besos en los morros,
Dani

sábado 2 de octubre de 2010

Vivir con miedo

"Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo".



Vivir con el miedo a no saber qué pasará mañana. Vivir con el miedo a morir. A no ver a tus hijos crecer. Miedo a no poder ponerte de nuevo en una playa a las 7:00 junto a otros cuantas personas cuerdas.

Mientras vives con miedo te conviertes en un apéndice de tus pesadillas. No eres nada, sino un organismo dependiente. Absolutamente dependiente de la corriente que te mueve, de la incertidumbre. Cuando no tomas el timón de tu destino, sino que otros lo hacen por ti, eres ese esclavo que citaba el replicante.

He pasado dos meses terribles, esperando respuestas sobre mis dolores en el pecho. Ahora ya sé con seguridad que no tengo el corazón "tocado". Sólo se trataba de una inflamación en los cartílagos costales (los que unen las costillas al esternón), pero el pecho dolía como si hubiera tenido un infarto. He pasado miedo, tanto miedo a tantas cosas que, efectivamente, me convertí en un esclavo.

Ahora soy libre. Con un tratamiento de 15 días con ibuprofeno he vuelto a ser libre. Pero no olvido lo que es vivir con miedo, no olvido lo que es sentirte atrapado. Y no quiero volver a experimentarlo. En ninguno de los ámbitos de la vida. Como el hombre que sale de la caverna de Platón, he vuelto a ver la luz real, no la proyectada en sombras. Y, una vez que uno ve el sol, ya no quiere volver a la cueva.

Soy libre. Entreno camino de Lanzarote 2011.

Besos en los morros,
Dani